Quiero vomitar, pero no quiero dejar sucio, así que obligado a hacerlo virtualmente. No quiero decírselo a mis cercanos que ya bastantes problemas tienen. No quiero decírselo a nadie, porque de seguro a esos nadie no les importa. Así que prefiero decírmelo a mí mismo. En mi espacio, en mi página, en mi rincón, en mi esencia. Y cada vez que un dedo mío se acerca tenuemente a una de las indefensas teclas, siento que respiro un poco mejor, siento que veo un poco más claro, siento que puedo sentir.

¿A qué viene todo ésto?. A que estoy enchuchado, estoy defraudado, estoy desencantado, estoy colmado y estoy tremendamente cansado. Hoy llegué a mi casa como una guitarra sin cuerdas, como una playa sin mar, como una bandera sin color, como un pensamiento sin pasión… como un cuerpo sin alma. Alma perdida entre sillas y pizarrón, entre puerta y ventana, entre una y otra sala, entre palabras sin acciones, entre monólogos sin energía, entre momentos sin alegrías. Alma esfumada. Alma fenecida.

¿Era ésto lo que realmente quería?. No lo sé, es muy pronto. Lo único que sé es que no es como me lo imaginaba, no es como me lo planetaba, no es como lo idealizaba. Todos los paradigmas son derribados en algún momento, pero mi paradigma fue asesinado a sangre fría, mis expectativas fueron asesinadas a sangre fría. Tan frías como las abstractas ideas que absorbo día a día. Ideas con sobredosis de nada, ideas que sólo me dejan un gusto parecido al vómito que leen.

¿Sabía que sería de esa forma?. En parte. Múltiples voces me sofocaban con advertencias sazonadas con experiencias nutridas exclusivamente de inexperiencias. Inexperiencias que me transformaron en un total inexperto, a tal punto que no me preparé como debí haberlo hecho. Sin lugar a dudas que en una PSU de inteligencia emocional sacaría 200 puntos. De todos modos éso es parte de mi naturaleza, así que poco y nada me asombra. Como tampoco me asombraría saber que varios compañeros están pasando por lo mismo que yo, si a la larga, es parte del proceso. ¿De qué proceso?. De adaptamiento. La pregunta de rigor es, ¿me podré adaptar a algo que no me está gustando?. Menos lo sé… sólo sé que nada sé como dice un filósofo somnífero por ahí.

¿Era lo que soñaba?. Sí… cuando tenía pesadillas. Ya que en un sueño no me sentiría enjaulado en mis propias metas, mis propias aspiraciones, mis propias luchas, mis propias utopías. Encarcelado en mis propias melodías.

¿Lo estoy disfrutando?. Desconozco la respuesta. Nada mas soy capaz de darme cuenta que… definitivamente prefiero, a ojos cerrados, escribir que leer.

Listo. Estómago vacío y residuos limpiados.

Ricardo Cantero G.

PD: Cuando esté más estable, se vienen las columnas que quiero desarrollar acá. Ahora era momento de desahogarse.