No me perdí ni un detalle de la ruptura entre Marlen y Dueñas. No le creí a Daniella Campos cuando dijo que no había tenido un romance con Jennifer Byrne. Disfruté el año pasado viendo a todos los rostrillos, tanto políticos como televisivos, hacer Koalas hasta quedar sin troncos. Esperé como dos meses a que Fabricio y Thiago se sacarán los dientes en señal abierta por una mujer. Traté de encontrar el listado completo de “aventuras” de Coté López, pero lamentablemente no tengo los publiguías de otros países. Y ahora anhelo que Cari elija al productor de Amor Ciego como su media naranja. No me miren feo, no lo puedo evitar, LA FARÁNDULA ES MI GRAN PLACER CULPABLE.

La mayoría la critica, la cuestiona, la aborrece. Yo… yo simplemente la disfruto. Me siento (cuando puedo) frente a la pantalla de TV a esperar un espectáculo de primera, con actuaciones dignas de un Óscar y tramas sacadas de Shakespeare, García Márquez, Cervantes, Dickens, etc. Porque hay que entender la farándula así, como una ficción creada para nuestras carcajadas, para satisfacer nuestro voyerismo espiando con permiso los dramas de los demás, para incluso hacernos sentir superiores a esos bufones dispuestos a desgarrarse con tal de la felicidad del pueblo (o para vender y nutrir los medios mutuamente, obvio, pero ése es otro cuento). En definitiva, un verdadero manjar de manjares.

Manjar que no me pierdo gracias a los nunca bien ponderados SQP, La Cuarta, MQH y uno que otro medio digital. Sólo me queda agradecerles por desconectarme del estudio, de los problemas, del transantiago, de la crisis energética, de la crisis económica, del fraude de las subvenciones; de la vida real. Lo vuelvo a repetir con ahínco, ¡gracias!. Gracias por entregarme personajes como Mauricio Pinilla, Rocío Marengo, Felipe Avello, Pamela Jiles, Roberto Dueñas, Carla Ochoa, etc. Gracias por enriquecer el sindicato de juglares. Gracias por estos tontos lindos. Gracias por estos tontos simpáticos.

Gracias por estos tipos, cuales guerreros romanos van al coliseo mediático con tres objetivos: Ser reconocidos, colmar sus cuentas corrientes y claramente ser el foco de la burla o admiración colectiva. Y es precisamente en la búsqueda de esos objetivos, que se producen las más cruentas batallas (todas pauteadísimas) merecedoras de menciones varias en la cultura pop. Batallas que llegan a puntos impresionantes (”la guaguá no es tuya”, “soy gay/lesbiana”, “me metí con tu señora y con tu hija”, “la xx fue prostituta cuando joven”, “si sigues hablando mostraré nuestro sex tape“, etc.) que sazonan deliciosamente el platillo final, que se sirve en plato muuuy caliente.

Plato que hay que degustar, degustar y degustar sin espacio a grandes análisis. Mejor ocupar esas “grandes mentes” dedicadas al tema en aspectos que realmente requieren de ayuda de estos seres superdotados dueños de la verdad absoluta. No hay que gastar neuronas en entender la fantasía. No hay que ocupar tiempo en reflexionar sobre los medios, si a la larga éstos son los reflejos de nuestra sociedad… mejor ocupemos tiempo en reflexionar sobre nosotros mismos.

Se despide.
El 100% Farandulero, el Farandulover, el Enfermo de Farandulitis.